Pamela Schweblin

gaita clases

Se podría contar a Irlanda como uno de los países de mayor tradición musical viva de todo el planeta. Los chicos comienzan a tocar sus instrumentos desde muy pequeños y es muy común la transmisión de padres a hijos del propio estilo musical que caracteriza a la familia, y dado que son muy arraigados a su tierra, se siguen destacando los diversos estilos regionales en forma muy marcada, así es como también se transmiten las melodías y canciones cuya antigüedad muchas veces resulta difícil de definir. Esto se hace notar también en las canciones, en las cuales está  retratada toda la historia de Irlanda, desde las costumbres cotidianas, las guerras, la emigración por la hambruna, la esclavitud a la cual fueron sometidos durante siglos, las rebeliones por su liberación del imperio inglés, hasta sus vivencias como marineros y pescadores. A medida que los años pasan se va transcribiendo la historia por medio de la gente en sus canciones.
En Irlanda la tradición musical sigue viva por medio de las llamadas “sessions”, cuyo ámbito es el pub.
A partir de la seis de la tarde, todos los días, la gente acude a los pubs de los diversos pueblos del interior de la isla para tocar. Los que a lo mejor no tocan, cantan o cuentan historias, o bailan, o invitan rondas de cerveza, pero lo tremendamente importante es la unión que se da por medio de la música.

Creo en la enseñanza como forma de transmisión de experiencias de un igual a otro, entendiendo que cada cual es único y que no existen limitaciones en cuanto a la capacidad ya que la música se trata de expresar y lo que cada uno puede expresar es único. La técnica es una herramienta fundamental para poder hacerlo en forma más rica. Así como la riqueza del lenguaje desarrolla el pensamiento, la técnica en el instrumento desarrolla la expresividad. 
 Cada persona puede hacer música y no es cuestión de unos pocos dotados. Se logra no sólo con técnica y práctica, sino siendo uno mismo.

Desde la enseñanza, me interesa compartir una cara de Irlanda que no es la comercial y habitualmente difundida; una cara que va más allá de los cuentos de hadas, canciones de taberna,  horóscopo celta u otros fetiches de consumo. Mi objetivo es transmitir y compartir la música irlandesa como tradición viva, que se nutre de la vivencia de un pueblo cuya historia de sometimiento es tan fuerte como rica es su música y reproducir aquel sentido de compartir y comprometerse con el prójimo que tiene la música folklórica de todas las culturas. 

 

 

Historia, música y resistencia...

Sessions
Por su especial sensibilidad musical, a los irlandeses se les ha apodado “los cubanos de Europa”-aprovechando el símil de las islas- o “los latinos del norte”, por poner calor al húmedo clima del norte atlántico. Más allá de exageraciones y tópicos, que en mayor o menor medida remiten a una verdad, la experiencia cotidiana – no la de los magnos eventos o las grandes cifras discográficas- permite afirmar que, en la isla verde, la música se escucha, se mira, se disfruta y se entiende de otra manera.

¿Qué es una session?
No es difícil entrar en los secretos que esconden las sesiones musicales que se ejecutan en un pub. A primera vista puede parecer evidente que la actuación es cualquier cosa menos algo organizado. El profano entiende, incluso, desde la distancia geográfica y cultural, que los allí reunidos son amigos que quieren compartir su música con la concurrencia del pub. Las sessions tienen una liturgia y unas reglas que, sin estar escritas, son respetadas por todos: en más de una ocasión la fiesta ha terminado bruscamente cuando un recién llegado importuna a los músicos en su intento de demostrar “sus habilidades”. Creo que podría definir una session como el intento de conocer al otro por medio de la música, el respeto y la necesidad humana profunda de compartir.
El repertorio tradicional está formado por  miles de  piezas. La mayoría de ellas tienen su origen en el baile, diversas danzas en diferentes ritmos que, como el lenguaje, se interpretan con acentuaciones propias a cada región de la isla, y cuya transmisión oral y ejecución  grupal en los pubs o casas de campesinos ha sido la expresión cultural y social más movilizante y mas común durante siglos antes de que el ocio mediático hiciera su aparición, dando por resultado que por medio de la música, la historia y los valores humanos de este pueblo sigan vivos por medio de ésta.

El sean nós
El gaélico, como forma de expresión colectiva, sufrió una persecución que lo llevó a la decadencia más absoluta. Las viejas canciones han servido para que el gaélico lograra pasar de generación en generación. La mayoría de la población irlandesa actual es angloparlante, y muchas de las nuevas canciones, incluyendo algunas con base tradicional, se componen en inglés. Pero en el corazón de la música irlandesa están las composiciones gaélicas (instrumentales o cantadas), inscritas en una tradición conocida como “Sean nós” – literalmente “en el viejo estilo” -, que sobreviven con fuerza en las regiones gaeltacht-Cork, Kerry, Mayo y Donegal-, las zonas rurales donde el gaélico es la lengua común de sus habilidades. El sean nós es una forma vocal pura, de gran belleza y complejidad, que se interpreta habitualmente sin acompañamiento instrumental. Son piezas largas, interpretadas con un delicado estilo recitativo. Ha sido en estas composiciones, transmitidas de músico a músico, donde los irlandeses han depositado gran parte de su herencia cultural, un legado que se ha repartido por el mundo y sigue vivo y presente en las colonias de irlandeses que viven en EEUU, Canadá o Australia. Como consecuencia, los jóvenes nacidos fuera de Irlanda en el seno de la comunidad no hablan gaélico, pero saben cantar canciones en el viejo estilo, en el viejo idioma (cosa que lamentablemente se ha perdido en la colonia irlandesa de Argentina).

El gaélico en la historia
Los largos años de dependencia de Inglaterra afectaron de manera grave la lengua irlandesa. Sin embargo, el país no ha renunciado a este signo de identidad.
El gaélico proviene de las tribus celtas, de origen indoeuropeo, que se instalaron en la isla siete siglos antes de Cristo. Hasta el siglo XVI fue la lengua mayoritaria en la isla. Durante ese mismo siglo, y por primera vez en su historia, Irlanda fue puesta completamente bajo la autoridad de la Corona Inglesa, que no dudó en usar métodos expeditivos para alcanzar su objetivo. Campañas militares, masacres de población civil, deportaciones masivas de campesinos, control total del sistema agropecuario de la isla – las mejores tierras se ofrecieron a colonos llegados de Inglaterra y Escocia- y legislaciones claramente discriminatorias, eliminaron las instituciones y las clases dirigentes locales, de expresión irlandesa, para sustituírlas por otras importadas de expresión inglesa. Así, aunque durante más de trescientos años continuó siendo la lengua mayoritaria, sólo la hablaban los millones de campesinos y obreros urbanos sin acceso a la propiedad, a la riqueza, ni al poder. El idioma del Estado, de los negocios, de la educación y de la administración pública era el inglés. Durante el siglo XIX las pocas posibilidades de promoción social y económica que tenía la población pasaban ineludiblemente por el inglés. Y, para empeorar aun más la situación, a mediados de este siglo el país sufrió una hambruna y la consiguiente pérdida neta de un millón y medio de personas, entre fallecidos y emigrados, mayoritariamente pobres y de expresión irlandesa. A finales del siglo XIX el gaélico parecía condenado definitivamente a la desaparición. Entonces sucedió algo que evitaría su transformación en una lengua muerta: la fundación, en 1893, de la Conradh na Gaeilge, La Liga Gaélica, una asociación con el objetivo de mantenerla viva y que pronto llegó a tener mil delegaciones.
Casi treinta años después, en 1921, el nuevo Estado libre de Irlanda inició una vigorosa campaña para sustituir el inglés por el irlandés. La política lingüística pasaba por dos grandes líneas: la enseñanza obligatoria del irlandés y en irlandés en todos los niveles de la educación; la promoción económica de las zonas de habla irlandesa –la Gaeltatch- para acabar con la emigración. Hoy en Irlanda es posible-aunque no fácil-vivir en irlandés, en cambio es imposible hacerlo sin el inglés. El gaélico continúa siendo uno de los símbolos alrededor de los que se entreteje el sentimiento de pertenencia a la comunidad irlandesa.

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